Capítulo XXVI

De los judíos que mató Baso, y de cómo la tierra de Judea fue vendida

Acabadas estas cosas, trabajaba Baso en llevar su ejército a un paso o bosque que se llama Lardes, porque se decía que estaban aquí muchos judíos juntos de los que huyeron antes en el tiempo del cerco de Jerusalén y de Macherunta.

Habiendo, pues, llegado al sobredicho lugar y hallando ser así lo que le había sido dicho, cercó primero todo este lugar con su caballería, para que si algún judío tratase de huir, no lo pudiese hacer sin dar en las manos de la caballería, y mandó que la infantería cortase una selva, en la cual se habían escondido. De esta manera fueron forzados a hacer algo que fuese nombrado y de hombres valerosos: porque peleando animosamente y con audacia, les fuese, por ventura, posible huir y librarse.

Juntos, pues, todos y a una voz, arremeten contra los que los habían cercado; pero ellos los recibían valerosamente, y atreviéndose a mucho los judíos, y los romanos resistiendo a todo, duró la pelea mucho tiempo, pero no fué el fin de ella semejante para todos, ni fué tampoco bueno: porque murieron solamente doce hombres de los romanos, y fueron muy pocos los heridos; y ningún judío se salvó con la vida, antes no siendo menos de tres mil hombres, todos fueron muertos, y el capitán de ellos, que era un hijo de Jayro, llamado judas, del cual arriba hablamos, que se había librado por un albañal, siendo capitán de un escuadrón de gente entretanto que Jerusalén estaba cercada, también fué muerto.

Escribió en este mismo tiempo César a Liberio Máximo, éste era procurador, que vendiese toda la tierra de los judíos, porque no quiso edificar en ella ciudad para guardar el señorío de ella, ni toda la tierra. Mas dejando aquí ochocientos soldados solamente, dióles un lugar donde viviesen, llamado Amaus, el cual está a treinta estadios lejos de Jerusalén.

Mandó que los judíos, dondequiera que estuviesen, pagasen sus parias y tributos, y que trajesen al Capitolio cada año dos dracmas, así como hasta aquí solían pagarlas al templo de Jerusalén.

En este estado, pues, estaban las cosas de Jerusalén en este tiempo.

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